San Pedro está a 2.400 metros y varias de sus excursiones superan los 4.000. Esa diferencia es la razón por la que algunas personas pasan mal su primer día, y también la razón por la que casi todas podrían evitarlo.
Qué es el mal de altura
A mayor altitud hay menos oxígeno disponible en cada respiración. El cuerpo compensa aumentando la frecuencia respiratoria y cardíaca, y esa adaptación toma tiempo. Cuando se sube demasiado rápido para lo que el organismo alcanza a ajustar, aparecen los síntomas.
Las alturas que vas a encontrar
- San Pedro de Atacama: unos 2.400 metros.
- Valle de la Luna y lagunas de sal: entre 2.300 y 2.500 metros.
- Termas de Puritama: alrededor de 3.500 metros.
- Lagunas altiplánicas y Piedras Rojas: sobre los 4.000 metros.
- Géiseres del Tatio: 4.320 metros.
Síntomas más frecuentes
Dolor de cabeza, falta de aire al hacer esfuerzos, cansancio, náuseas, mareo, dificultad para dormir y menos apetito. Suelen aparecer entre unas horas y un día después de subir, y en la mayoría de los casos son leves y pasajeros.
Cuándo dejar de esperar y actuar: confusión, dificultad para caminar derecho, falta de aire estando en reposo, tos persistente o dolor de cabeza intenso que no cede. En esos casos hay que descender de inmediato y buscar atención médica. No son molestias para aguantar.
Cómo prevenirlo
- Sube de a poco. Los primeros días a baja altura y las salidas sobre los 4.000 metros más adelante. Es la medida más eficaz de todas.
- Toma mucha más agua de la que crees. El aire de Atacama es extremadamente seco y se pierde líquido solo por respirar.
- Baja el ritmo el primer día. Llegar y salir a caminar horas es tentador y contraproducente.
- Comidas livianas. Cuesta más digerir en altura.
- Cuidado con el alcohol las primeras 24 horas. Deshidrata y puede enmascarar síntomas.
- Duerme lo suficiente. Varias excursiones salen de madrugada y el déficit se acumula.
¿Cuándo se puede subir a los 4.000 metros?
La referencia práctica es haber dormido al menos dos noches en San Pedro antes de una excursión de altura. Con eso el cuerpo ya inició la adaptación y la mayoría de las personas sube sin dificultad.
Lo recomendable sigue siendo dejar esas salidas para el final del viaje, cuando llevas más días a 2.400 metros. Pero en estadías cortas se puede programar una excursión de altura al tercer día, siempre que los días previos se hayan aprovechado bien: buena hidratación, ritmo tranquilo, comidas livianas y sueño suficiente.
Lo que no conviene en ningún caso es llegar y subir al día siguiente.
Sobre los medicamentos
Existen fármacos que se usan para prevenir el mal de altura, pero no son inocuos y no sirven para todo el mundo. Esa conversación es con tu médico antes de viajar, no con el guía ni con una farmacia en el pueblo.
Quiénes deben consultar antes de viajar
Si tienes problemas cardíacos o respiratorios, presión alta, estás embarazada o tomas medicación permanente, conviene hablarlo con tu médico antes de reservar, sobre todo si el plan incluye subir por encima de los 4.000 metros.
Lo mismo para adultos mayores y para niños pequeños, que no siempre saben describir lo que sienten. Con ellos hay que estar más atento a los cambios de ánimo, al sueño y al apetito que a lo que digan.
Un detalle que ayuda: las hojas de coca en infusión son de uso habitual en el altiplano y muchos viajeros las encuentran útiles para las molestias leves. No reemplazan la aclimatación ni resuelven un cuadro serio.
Lo que más funciona no es un remedio
Es el calendario. Un itinerario ordenado de menor a mayor altura, con el Tatio y las lagunas altiplánicas después de las primeras noches, resuelve la mayor parte de los problemas antes de que aparezcan. Por eso vale la pena mirar el orden de las excursiones antes de reservar, y no solo cuáles están incluidas.
Esta guía es información general para planificar tu viaje y no reemplaza una consulta médica. Ante cualquier síntoma que te preocupe, en altura o al volver, consulta a un profesional de la salud.