Atacama funciona muy bien con niños, y bastante mejor de lo que muchos padres esperan. Los paisajes son de otro planeta, hay agua salada donde se flota sin esfuerzo y casi todo ocurre al aire libre. Lo que hay que ajustar es el ritmo y la altura, no el destino.
Lo primero: la altura
San Pedro está a 2.400 metros. Para la mayoría de los niños ese nivel no representa problema, pero hay que mirarlos distinto que a un adulto: no siempre saben describir lo que sienten.
Más que preguntarles si les duele la cabeza, conviene observar: si duermen peor, si están más irritables de lo normal, si no quieren comer o si están inusualmente decaídos. Esos cambios dicen más que cualquier respuesta.
Si tu hijo tiene alguna condición respiratoria o cardíaca, o es muy pequeño, conversa el viaje con el pediatra antes de reservar, especialmente si el plan incluye subir sobre los 4.000 metros.
Qué excursiones funcionan
Casi siempre bien
- Valle de la Luna. Caminatas cortas, dunas, formaciones raras y un atardecer que a los niños les impresiona tanto como a los adultos.
- Lagunas de sal. Flotar sin esfuerzo es la actividad que más recuerdan. Ojo con la sal en los ojos y en cualquier raspón.
- Termas de Puritama. Agua tibia, pozones de distinta profundidad y ninguna exigencia física.
- Salar de Atacama. Corta, plana y con flamencos, que a los más chicos les gustan bastante más que las rocas.
Pensarlo dos veces
- Géiseres del Tatio. No se permite el ingreso de menores de 8 años. Y aun cumpliendo la edad, la combinación de madrugada, 4.320 metros y frío bajo cero es exigente: conviene evaluarla según el niño.
- Día completo al altiplano. Once horas de vehículo y varias paradas sobre los 4.000 metros. Es mucho para un niño chico.
- Bicicleta y trekkings largos. Depende bastante de la edad y del hábito de cada familia.
El ritmo importa más que el itinerario
Una excursión al día, y no dos. El error clásico es aprovechar que las salidas de tarde terminan a las ocho y meter algo en la mañana siguiente: al tercer día todos están cansados y de mal humor.
Dejar un día sin nada no es perder un día. Con niños, es lo que permite que el resto del viaje funcione.
Sol, agua y comida
- Bloqueador cada pocas horas. La radiación es extrema y la piel de los niños se quema rápido, incluso con frío.
- Gorro y lentes. No es exageración: el reflejo del salar suma bastante.
- Agua todo el tiempo. Se deshidratan antes que los adultos y no la piden.
- Comidas livianas los primeros días. En altura cuesta más digerir.
Dónde alojarse cambia mucho el viaje
Con niños, el alojamiento deja de ser un lugar donde dormir. Entre excursiones se pasan horas ahí, y tener espacio abierto, piscina y una cocina disponible a cualquier hora hace una diferencia enorme respecto de una habitación de hotel.
Una casa donde los niños puedan correr sin molestar a nadie, con una mesa larga para comer todos juntos, resuelve la mitad de los problemas de un viaje familiar antes de que aparezcan.
Un detalle práctico: pregunta si hay cocina disponible para los huéspedes. La mamadera de la noche, la once a deshora o la comida específica de un niño con alguna restricción no deberían depender del horario de un restaurante.
Esta guía es información general para planificar tu viaje y no reemplaza la opinión de un profesional de la salud. Ante dudas sobre la altura y tus hijos, consulta con tu pediatra antes de viajar.